lunes, julio 22, 2013

Spartacus: Blood and Sand ¡Por la polla de Júpiter!


Una de las mejores temporadas que he visto yo en una serie. Eso que vaya por delante.

Spartacus: Blood and Sand, o Spartacus: Sangre y Arena, como prefieran ustedes, empezó con un capítulo totalmente hiperbólico, en la línea de 300 pero más. Sangre a litros, cámara lenta, testosterona y una república romana un tanto sui generis. Parecía un poco una locura que no iba a ir mucho más allá.

Sin embargo, la trama mejoraba de forma espectacular desde el segundo capítulo, cuando dejamos las montañas de Tracia y los escenarios abiertos y nos encerramos en el ludus de Batiato, en el circo de Capua y en sus estrechas calles.

Al principio puede parecer que hay demasiada sangre, demasiadas tetas, demasiadas pollas, demasiadas vísceras. Y puede que así sea. Pero lo realmente importante son sus personajes. Y qué personajes.

Desde Batiato, un hijo de la gran puta enormísimo que, por alguna extraña razón (putos guionistas) consigue, a ratos, que le odiemos y, a ratos, que nos caiga bien y que incluso nos molesta cuando le ocurren las putadas que le ocurren (cosa que se acentúa en la precuela, de la que ya hablaré, donde sentimos auténtica simpatía por él, a sabiendas de lo hijo de puta que llega a ser). Una jodida maravilla de personaje. Gran parte de este mérito es de John Hannah que se merece un beso en el centro del orto por el pedazo de interpretación que se marca (y mención aparte para el doblaje que a mí me parece acojonante). Pasando también por su esposa Lucrecia (maravillosa Xena, XD) y al increíble elenco de gladiadores donde resaltan un Crixo que al principio cae bastante mal, y que parece el típico antagonista vanidoso que al final se revela como un personaje muy profundo e interesante, y un pétreo Doctore que parece el típico instructor hijoputa y que se convierte por derecho propio en uno de los mejores personajes de la serie. Hay que mencionar al gladiador Varro, al odioso Glabro, su no menos odiosa esposa Ilitia, la serpiente siria Ashur, y todos los secundarios que aparecen. No se me ocurre ningún personaje bidimensional, ningún personaje de cartón. Se podrían escribir páginas y páginas sobre sus personajes.

La serie se guarda un montón de sorpresas en una trama que se va complicando pero sin llegar a desvariar, lo justo, abriendo subtramas a cada cual más interesante y que estallan en un capítulo final como pocas veces se ha visto. Un auténtico festín, un gigantesco clímax que todos esperábamos (porque la historia de Espartaco es bien conocida).

Una serie que me sorprendió y me enganchó como pocas, de la cual esperaba el próximo capítulo como un niño espera la mañana de reyes. Lo peor de esta serie es que los capítulos terminaban.

Por desgracia, la enfermedad del protagonista (del cual no he dicho nada todavía, mea culpa), un Andy Whitfield enorme, titánico, heroico (mitológicamente hablando), se lo llevó impidiéndole volver a encarnar a este Espartaco hiperbólico y maravilloso. Nos deja, eso sí, su increíble interpretación.

Lo dicho: una de las mejores series de los últimos años, con una trama interesante y que queda cerrada en su último capítulo (aunque queda abierta para lo que vendría después), unos personajes increíbles, un vocabulario extrañísimo, imposible y delicioso entre el Señor de los Anillos y Reservoir Dogs. Una serie que trata el sexo como lo que es, un poderoso motor para las acciones de muchos, sin mojigaterías y sin cortarse (hay quien dirá que incluso se pasan).

En serio, si no la habéis visto, vedla. Y si la habéis visto... ¡vedla otra vez, por la polla de Júpiter!

Sin gruñidos

Berrea, grita, gruñe, comenta...