domingo, julio 28, 2013

Spartacus: Gods of the Arena. Un hombre ambicioso es capaz de cualquier cosa.


Esta precuela (más bien un flashback, ya que está pensada para verla después de la primera temporada) son seis capítulos (capitulazos) que encajan de manera excelente con la trama principal. Parecía que iba a ser un poco de relleno esperando a ver si Andy se recuperaba (cosa que, por desgracia, no ocurrió) pero ha terminado siendo una maravilla.

Spartacus une como nadie el espectáculo gore más descerebrado con un profundo drama y una trama impecable y, cómo no, con unos personajes maravillosos. La mini-serie nos presenta unos cuantos nuevos, algunos encantadores y otros odiosos (algunos incluso a la vez), explorando los motivos que tenían los personajes que ya conocimos en la primera temporada para hacer lo que hicieron. Es una de las razones por las que, aun siendo una precuela, está pensada para ser vista como secuela-flashback. De hecho, realmente empieza como un flashback, y termina como tal, enlazando el final de la primera temporada con el final de ésta (en una declaración del Batiato pasado que cobra un enorme significado al conocer lo que ocurrirá).

En estas dos primeras temporadas hemos visto el ascenso y caída de la casa de Batiato. Sabemos, porque sabemos cómo acaba todo, que todos los esfuerzos de Batiato (y, en general, de todos los personajes) son fútiles, pues por mucho que se alcance la gloria, sabemos que todo acabará en una absoluta decadencia.

Batiato. ¿Qué decir de este personaje? Ya hablé en la anterior entrada de él, pero es que en esta precuela se supera a sí mismo. Es increíble que consigan que nos pongamos de su lado sabiendo lo hijo de puta, insidioso, dañino y malvado que puede llegar a ser. En cierto sentido, en esta precuela queda explicado de alguna manera por qué ha llegado a ser como es. Le ocurren tantas putadas que parece inevitable convertirse en un cabrón. Batiato es, a mi parecer, uno de los mejores personajes que he visto en una obra de ficción. Y, por supuesto, John Hannah se merece otro beso en el escroto por su interpretación. Solo por sus apariciones ya merecería la pena ver esta serie.

Al final, todos los personajes acaban encajando perfectamente en la historia general, sin fisuras, a pesar de que deben pasar años hasta que Espartaco llegue al ludus de Batiato. Y todo queda explicado: la cojera de Ashur y su inquina hacia Crixo, el ascenso de éste como un titán de la arena, el trío amoroso de Lucrecia con su marido y el esclavo, la soledad de Doctore y la enemistad entre Batiato y Salonio. Y encima, presentan algunos nuevos personajes que veremos en la auténtica secuela de Espartaco.

Y todo siguiendo su estética exagerada, el tratamiento maduro del sexo y de los personajes, que se mueven por sus pasiones y ambiciones, que tienen éxito para ver cómo el destino les inclina y se les mea encima (a veces literalmente). Y los diálogos, declamados como una obra de Shakespeare, pero conteniendo tanta chispa, mala baba y palabrotas como una película de Tarantino (Me sigue pareciendo impresionante el doblaje de Batiato).

Realmente han puesto el listón muy alto. ¿Será capaz la secuela, no ya de superar estas dos maravillas, sino estar a la altura sin el impecable Andy Whitfield como Espartaco? Lo veremos en siguientes entradas.

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